¿ES FERROL CIUDAD
CONFLICTIVA?
¿Cuántas veces escuchamos decir que
Ferrol era una ciudad conflictiva y que por eso, no era nada atractiva para el
mundo empresarial? Cientos, quizá miles de veces. Sin embargo, esta es una
afirmación que con el tiempo se fue demostrando que no se trataba más que de un
desgraciado sambenito. Un descrédito a la ciudad y sus gentes que muy bien pudo
haber sido lanzado, en su momento, con el firme propósito de desviar la
atención en defensa de intereses de otra u otras zonas industriales, tanto de
Galicia como del resto de España. Aunque y dicho sea de paso, esa mal
intencionada opinión fuese, como fue y durante mucho tiempo, retroalimentada también
desde la propia ciudad.
Cierto es que
los ferrolanos somos, por naturaleza, personas entusiastas, y eso, lógicamente,
hace que todo aquello en lo que creemos o que de alguna forma nos afecta, lo
defendamos con pasión. Lo que probablemente, en más de una ocasión diese lugar
a erróneas interpretaciones. No obstante y con el tiempo como mejor aliado,
la propia sociedad ferrolana fue la encargada, con su comportamiento ante las
muchas y diferentes adversidades, de demostrar que ese inmerecido sambenito se quede
a día de hoy en una vulgar leyenda sin base que la sostenga.
En la
actualidad Ferrol está viviendo uno de los peores momentos de los últimos
cincuenta – sesenta años. Uno de esos períodos, en los que nos encontramos con
un presente un tanto dramático y un futuro sin futuro. Es decir, una de esas
situaciones altamente propicias para que el pueblo eleve el tono y cree tensión
en sus calles. Sin embargo y precisamente por la alta responsabilidad de la
sociedad ferrolana, nada de lo que ocurre en la ciudad, puede estar más alejado
de esa realidad. Ferrol, una vez más, lo que muestra es sentido común y respeto.
Un respeto a los demás, que si en alguna ocasión se vio roto o alterado fue de
forma tan aislada e intrascendente que no sería lógico tener en consideración
al tratarse de un asunto menor. A pesar de los muchos motivos que la clase
política dio y continua dando, con sus continuos engaños.
Los ferrolanos nunca aislamos a la ciudad.
Jamás alteramos la vida política de nuestro Parlamento. No amenazamos o pusimos
en peligro a nuestras administraciones públicas y/o a sus representantes. No,
los trabajadores del sector naval nunca atacaron a las fuerzas y cuerpos de
seguridad del Estado. Y si en alguna ocasión se traspasaron ciertos límites,
fue tan solo como autodefensa y en respuesta a las provocaciones y a los
ataques recibidos. Hasta el momento y por todo lo visto y vivido, los
trabajadores del sector naval de nuestra Ría no han hecho otra cosa que dar
muestras de templanza, moderación y prudencia, incluso, con aquellos sectores de
la ciudad que tan reacios se mostraron a querer entender, como hoy
afortunadamente entienden, que ellos también son sector naval, a pesar de no
ser trabajadores ni directos ni indirectos del mismo.
Ahora y aprovechando el nivel de
entendimiento alcanzado entre los diferentes sectores de la sociedad ferrolana,
es momento para, por un lado, reforzar ese grado de unidad ciudadano alcanzado,
y por otro, de, entre todos, desmontar esa mala fama tan injusta como infundada.
Ahora parece que estamos en el buen camino.
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